Antes de ponerme en manos de un
profesional de la salud que me ha ayudado mucho a pautar indicaciones para el
cambio que necesitaba hacer en mi dieta y en la práctica de ejercicio, estaba
convencida de que los hidratos de carbono eran mi gran enemigo. Además, evitaba
tomarlos a partir de las cinco de la tarde, por alguna absurda creencia de esas
que te cuentan y que tú quieres creerte. Lo que hacía era evitar el pan, pero
por ejemplo no tenía problemas en comer algo dulce: algo absurdo a todas luces.
Me ayudó a quitarme ese miedo a los hidratos hablar con un profesional del tema
y que me explicase que sí necesito consumirlos a diario, pero en unas cantidades
concretas, mucho menores que las que yo consumía antes. Me pidió que me hiciese
con una báscula digital de cocina para no llevarme a engaño con las cantidades de
pan justas y necesarias que necesito para no disparar los valores de los
valores altos de insulina que me detectaron hace algunos meses. Carmen me
explicó que también puedo consumir hidratos en forma de pasta, arroz o patatas
en las comidas, pero sin sobrepasar los ochenta gramos de cada uno de ellos.
Cuando ingiero alguno de esos alimentos en las comidas principales, debo
eliminar el pan del resto del día y, como ella me dijo, saber que es muy
distinto un plato de pasta con verduras a un plato de verduras con pasta. Creo
que debemos informarnos bien, beber de buenas fuentes en cuanto a alimentación
y ejercicio se refiere, y hacer caso omiso a todos esos mitos que tan perniciosos
resultan.
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